Superlópez contra el fascismo
- agoraprimeraenmienda

- 24 nov 2025
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Con frecuencia, el prolífico autor Jan ha abordado críticas sociopolíticas en los cuadernos de su personaje más emblemático, Superlópez. En ellos ha retratado a numerosos políticos españoles, ya fuese directamente, ya ocultos bajo la apariencia de sujetos ficticios, y cualquiera que fuese su ideología. Porque Jan se ha mostrado en este punto imparcial, muy a diferencia de lo presente en revistas de humor como "El Jueves", que desde el acceso de Guille a la dirección de la cabecera se ha caracterizado por un flagrante sectarismo, mostrando una actitud claramente propagandista del actual Gobierno y de las posiciones de ERC. Situación que se mantiene sin alteraciones desde que dejó el puesto el año pasado.

A pesar de que Jan ha sido ecuánime a la hora de cuestionar ideologías, el fascismo ha sido (con razón) la más retratada y reprobada en las historias de Superlópez. Y un cómic destaca particularmente, el genial "Los cabecicubos", publicado en 1983, es decir, apenas dos años después del afortunadamente truncado intento de golpe militar en España.

El disparatado argumento gira en torno a la producción de huevos de gallina con forma cúbica, que unos inventores sacan al mercado inconscientes de que su ingesta acaba produciendo mutaciones en el consumidor: la cabeza adopta forma de cubo y sus patrones de pensamiento se radicalizan. El jefe de Juan (este último es el alter ego de Superlópez) es uno de los afectados, y el cambio enseguida desencadena en él ínfulas de líder: crea un partido político (el "Partido Cuadrado"), y concurre a las elecciones, hostigando a los votantes de otras formaciones para conseguir hacerse con el poder e instaurar una dictadura. Imagen evocada, por cierto, en la ilustración introductoria del cómic, con el personaje danzando con una representación del mundo, no ya esférica, sino cúbica, en clara referencia a "El Gran Dictador" de Charlie Chaplin.

Todo el cómic es una magnífica ironía sobre el fascismo y el riesgo de que éste pueda llegar al poder, incluso empleando de forma espuria los procedimientos democráticos. Ironía que empieza en la propia fisonomía de los "mutados". La forma cúbica de su cráneo no sólo refleja una cerrazón de ideas (mente cuadriculada) sino que resulta coherente con la representación que habitualmente se ha hecho de los nazis en el cine y el cómic, mostrándolos con mandíbulas y cráneo angulosos. De hecho, en otros cómics de Superlópez cualquier representación de personajes afines al fascismo sigue exactamente este mismo patrón.


En el momento en que emerge el "Partido Cuadrado", éste adopta toda la simbología fascista. Sus integrantes inmediatamente asumen una indumentaria identificativa, con pantalones y botas altas paramilitares, y una camisa con una apariencia singular, que en este caso es a cuadros (por eso de ser el "Partido Cuadrado", obviamente). Del mismo modo que identificativas eran las camisas negras del fascismo italiano, la azul del falangismo, o la caqui del carlismo.


La parafernalia característica del fascismo también hace presencia en el cómic. Tras obtener el poder, el "Partido Cuadrado" celebra un mitin ante un escenario grandilocuente, jalonado por su símbolo: una gallina con las alas desplegadas. La ironía es magnífica: siendo los huevos aviares el origen de los cabecicubos, es lógico que la gallina sea su símbolo pero, obviamente, con ello Jan está satirizando el águila imperial del escudo de la España franquista.

No sólo el físico y la simbología fascista se hallan magníficamente representados en el extraordinario cuaderno de Superlópez, sino también los rasgos ideológicos y conductuales que han caracterizado a aquel movimiento. Cuando el jefe de Juan toma conciencia de su cambio físico, de inmediato se autoproclama como un ser superior. Una clara referencia a la idea de "superhombre" (Übermensch) sobre el que se gestó buena parte del programa del nacionalsocialismo, basado en las teorías eugenésicas. Del mismo modo, los integrantes del "Partido Cuadrado" se caracterizan por la intolerancia, el rechazo al diferente y la violencia como forma de acceso al poder y "modus vivendi". Algo que Jan refleja en otros cómics, en los que los fascistas son siempre representados como sujetos inclinados al uso de la fuerza, sobre todo contra las personas más débiles.



El punto álgido del tebeo de Superlópez surge cuando los militares también mutan en "cabecicubos", apoyando al presidente del Gobierno de su misma fisionomía. En realidad, la advertencia del riesgo a que los militares ocupen el poder (o lo apoyen) se halla presente en otro cuaderno muy interesante "Elecciones en Kaxim" (2011), en el que Superlópez tiene que ayudar en un proceso electoral que se celebra en otro mundo, y que no es más que una parodia de las últimas elecciones generales convocadas por José Luis Rodríguez Zapatero. El cuaderno, en el que se ridiculiza a todos los partidos políticos (ya sean de izquierdas o de derechas), muestra un intento de golpe de Estado por parte de los militares afines a una fuerza ultraconservadora.

En todo caso, Jan vivió la dictadura franquista. Y de ahí que hable con conocimiento de causa y alerte sobre el riesgo de que el verdadero fascismo cobre fuerza. Su actitud es muy diferente a la pueril, naife e inane tendencia actual de ciertos segmentos sociales autoproclamados como "progresistas", que tienen a denominar"fascista" a todo lo que les incomoda o no se identifica con sus postulados que, por cierto, a veces son precisamente los más próximos al totalitarismo: no se olvide que éste es un régimen político tanto de derechas como de izquierdas. Llamar a todo "fascista" es sólo propio de quienes ignoran las más elementales cuestiones de ciencia política e historia, y son incapaces de discernir entre conservadurismo y fascismo. Sin duda, no serían capaces de diferenciar en un comentario de texto de la EBAU un documento de Cánovas del Castillo de uno de José Antonio Primo de Rivera.
De ahí que uno salga más informado leyendo los cómics de Jan que oyendo lo que dicen algunos de nuestros políticos, periodistas y tertulianos "sabelotodo".
Para saber más:
El mejor homenaje a Superlópez, con un análisis profundo de las obras de Jan, y del propio autor, es el libro VV.AA, Jan. El genio humilde, Tebeosfera, Sevilla, 2014









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